Cómo vestirse para jugar al golf en otoño

Dos golfistas con punto verde y gorra Dogleg en un campo en otoño

Caminas hacia el primer tee sobre la hierba gris de rocío, con el bajo del pantalón ya oscuro, contento de haber cogido el jersey. En el quinto juegas en polo y ya no sabes qué hacer con él.

La ropa de golf de otoño no se decide por la temperatura de la salida, sino por la diferencia entre la salida y el hoyo nueve. Dos o tres capas finas que te quitas de una en una hacen el trabajo cuando refresca; una sola capa gruesa decide toda la vuelta por ti.

El problema del otoño es la diferencia entre las 8 y el mediodía

En verano te vistes una vez y aciertas hasta el último green. En septiembre y octubre, una salida temprana y la mitad de la vuelta son dos días distintos, separados por una sola mañana.

El error no es salir demasiado ligero. Es salir con una sola prenda: el jersey grueso te va perfecto durante dos hoyos, y te estorba los dieciséis siguientes.

Así que la pregunta de verdad no es qué me pongo, sino qué me quito, y cuándo. El cálculo correcto: salir bastante abrigado, sin olvidar que andar te va a calentar desde los primeros hoyos.

Lo que te quitas en el tercero, y dónde lo metes

Nadie piensa en esto hasta que está fuera con la prenda en las manos. Tres sitios, y no valen lo mismo.

  • A la cintura. Sujeta bien y no molesta al andar, pero el nudo puede molestar en el swing: queda cerca de la cadera, justo donde giras. Haz un movimiento de prueba antes de decidir que el jersey puede quedarse ahí.
  • En la bolsa. La buena respuesta, siempre que la capa entre en un bolsillo sin tener que doblarla como una manta. Una prenda fina se guarda entre dos golpes. Una gruesa acaba quedándose en tu espalda.
  • En el carro, si llevas uno. Perfecto, hasta el momento en que arranca sin ti.

Si de este artículo te quedas con una sola cosa, que sea esta: una capa de entretiempo no se elige por su calor, sino por su capacidad de desaparecer. La que no puedes guardar es la que te dejas puesta. Y te la dejas demasiado tiempo.

La capa intermedia: la que decide si los hombros siguen girando

Debajo del polo no cambia nada. Por encima se juega todo.

El primer criterio no es el calor, es la parte alta de la espalda. La prueba cabe en un gesto: sube el palo despacio, la mano por encima del hombro, y fíjate en qué tira. Con una capa más siempre tira en el mismo sitio, la parte alta de la espalda y las sisas. Si tira ahí, no vas a jugar con esa prenda, vas a jugar contra ella.

Luego, abierto o cerrado. Un jersey de cuello redondo, sin nada que abrir, es un interruptor: lo llevas o no lo llevas. Una chaqueta de punto, o un cuello con cremallera que abres a medias, es un regulador: bajas un poco en el segundo, un poco más en el sexto, sin pararte nunca. Preferimos esa flexibilidad. Y como se lleva sobre un polo, el cuello queda a la vista, una referencia útil para el código de vestimenta, que conviene confirmar con el club.

Y por último, sin mangas. En el campo es otra opción: sujeta el torso y deja los brazos libres. En la casa club, elige sencillamente el corte y el color que te apetezca llevar.

Golfista con punto verde al final del swing, en una calle en otoño

El rocío, el bajo del pantalón y las manos frías

El otoño no te ataca con el frío. Te ataca con la humedad, y por abajo.

En una salida temprana la hierba guarda el rocío mucho rato. En el segundo green el bajo del pantalón está mojado, los calcetines también, y no se seca nada antes de la casa club. El pantalón corto tiene además una ventaja que nadie le reconoce: una pierna al aire se seca sola, un bajo de pantalón empapado sigue empapado. Aun así jugamos con pantalón largo en cuanto refrescan las mañanas: es un compromiso, no una regla.

Digámoslo claro: no fabricamos chubasqueros ni primeras capas técnicas. Un cachemir mojado es un cachemir mojado. Si el chaparrón entra en el plan, llévate un impermeable de verdad: vendrá de otro sitio, y no pasa nada.

Después, las manos. Una en el guante, otra al aire, y suele ser esa la que se enfría primero. Deja un bolsillo libre para calentarla entre golpe y golpe, y una toalla seca en la bolsa. Y como el sol de otoño no cae sobre ti sino que te llega de frente, a la altura de la mirada, la gorra trabaja más que en julio, sobre todo al leer una línea.

La chaqueta de punto de cachemir

Es la prenda de la temporada: nuestra chaqueta de punto de cachemir April Tradition. Cachemir puro, sin fibra sintética. Abierta sobre el polo en la salida, cerrada cuando cambia el viento.

En la capa intermedia, la elección del material también depende del uso. El cachemir da calor sin volumen. Para jugar, comprueba la libertad de movimiento y evita el roce prolongado de las correas sobre el punto.

El cuidado no es el de una gama técnica, y conviene saberlo antes: el cachemir se lava aparte, con suavidad, y se seca en plano. Manda la etiqueta de la prenda.

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