Hay ese momento, en el tee de un hoyo largo, en que miras la bolsa y finges dudar. El palo grande sobresale por encima de los demás. Sabes perfectamente que dentro de diez segundos lo vas a coger. Nosotros también.
Vale. El driver es el palo más largo de la bolsa, el de cabeza más grande y cara menos angulada. Está ahí para mandar la bola lejos desde el tee de salida. No hace nada más, y con eso ya tiene bastante.
Una sola cosa, muy bien
Su longitud da un arco de swing más amplio, o sea más velocidad en el impacto. Su cara casi recta manda la bola baja y lejos, con poco efecto de retroceso. La cabeza es ancha, la zona de impacto generosa, y perdona un poco los golpes descentrados.
Un poco. Se repite alegremente que esa cabeza grande perdona, y no es falso, salvo que la longitud de la varilla quita con una mano lo que el volumen da con la otra. Si te quedas con una sola cosa, que sea esta: el driver perdona sobre todo a quien ya lo golpea bien.
Sacarlo o no
En el tee de un hoyo largo, cuando el terreno que tienes delante lo permite. Bola en un tee, ligeramente levantada, golpeada en ascenso. Hasta ahí, la teoría.
En todos los demás casos se queda en la bolsa. Salvo que “todos los demás casos” cubre un montón de tees donde lo vas a sacar igualmente. Hoyo corto: un hierro o un híbrido coloca mejor la bola, todo el mundo lo sabe, casi nadie lo hace. Salida estrecha bordeada de árboles o de agua: el palo más corto te cuesta distancia y te mantiene en juego, y enseguida te dirán que podías haber ido a por ello. Suele decírtelo el que está entre los árboles.
Sinceramente, en esto, haz lo que quieras. Jugamos con gente que guarda el driver en cuanto la salida se estrecha y devuelve muy buenas tarjetas, y con otros que lo cogen siempre y se divierten bastante más. Lo que nos molesta es el sermón que explica a un aficionado lo que “debería” hacer con su bolsa un domingo.

Por qué es difícil
Todo lo que lo hace potente complica su control. Cuanto más larga es la varilla, más recorrido hace la cabeza y más se amplifica un pequeño error de trayectoria. La cara casi recta no ayuda: la bola queda menos estabilizada por su efecto, así que las desviaciones laterales se notan más.
Y hay que coger una bola en el aire, al final del movimiento, sin tocar antes el suelo. Muchos jugadores golpean sus hierros limpiamente durante años antes de sentirse cómodos con este palo. No tiene nada de anormal.
Lo que de verdad lo estropea
La cabeza es fina y hueca. Rara vez se daña jugando. Todo pasa dentro de la bolsa.
Los palos de pie en el mismo compartimento acaban golpeándose entre sí. A cada paso, en cada giro del buggy, en el momento en que sacas la bolsa del maletero y todo vuelve a asentarse con ruido de metal. El driver sobresale, así que el driver se lleva la peor parte. La corona se raya. La cara se desconcha. El barniz salta a trocitos.
El problema es que ocurre lo bastante despacio como para no notarlo nunca. Dejas el palo, lo vuelves a coger, no ves nada. Y un día se lo pasas a alguien que te contesta “ah, sí, este ha vivido”.
De ahí la funda: un capuchón que se queda en la cabeza durante la vuelta y se retira a la hora de jugar. No es un objeto sofisticado y no hay razón para que lo sea. El único riesgo real es dejarlo olvidado en el tee, y contra eso no hay material, solo costumbres.
Para recordar
- El driver está hecho para la distancia, y para nada más.
- Sale en el tee de los hoyos largos, no de forma sistemática, y el resto es cuestión de gustos.
- Su longitud y su cara recta amplifican los errores: es el palo más exigente de la bolsa.
- Se estropea en la bolsa, no en el campo.
